Quiero transmitir a todos los lectores y paisanos MI MÁS SINCERA FELICITACIÓN EN ESTAS FIESTAS NAVIDEÑAS; pero no de la manera al uso con que comúnmente lo hacemos, sino ofreciéndoles una reflexión acorde con lo que en estos días tanto se trae y se lleva referente al tema de los Crucifijos en las escuelas y lugares públicos.
El tema puede tener distintas lecturas y por lo mismo diversas interpretaciones. No me quedo con las más extremistas, ni tampoco con las que sean consecuencia de un pertinaz integrismo o una trasnochada intolerancia, porque no van con mi forma de ser ni de pensar, ni mucho menos con mi condición de cristiano y católico practicante.
He procurado informarme ampliamente sobre el asunto en distintos Medios y conocer la opinión de diferentes Personas para hacer mi propia síntesis y emitir mi opinión, una más naturalmente, bajo la condición de cristiano y católico practicante, a la que antes he aludido y que no deseo ocultar.
Es este un tema que se trae, como otros muchos, sin ser ni demandado ni prioritario para la Sociedad española, igual que el del Aborto, la Eutanasia y otros, que no contempla el Gobierno en el programa electoral del Partido que lo sustenta y con el que pretende “distraernos” de otros asuntos de urgente actualidad que afectan de una forma preocupante a las personas sencillas, a los jóvenes, a las familias…,como son el paro, la economía, la vivienda, la educación, la pérdida de valores, la eficacia de la justicia, la seguridad ciudadana, la inmigración, la corrupción de los cargos públicos, el enriquecimiento abusivo de unos pocos, el medio ambiente, el hambre en el mundo, la sanidad, la explotación infantil….y así podría estar enumerando asuntos y carencias que afectan de lleno y de una forma más prioritaria para resolver a muchas Personas y al Bien Común de los españoles y de la Humanidad.
Pero claro, como estos Gobernantes nuestros están empeñados preferentemente en dejar su huella laicista, que no aconfesional, en la Sociedad antes que resolver los acuciantes problemas de las PERSONAS, pues cada día nos salen con alguna “genialidad” que sobre todo hiera los sentimientos de los cristianos y de los católicos, a los que parece les tienen declarada una guerra sin cuartel, a favor de su “laicismo” y de sus “detalles” con otras Religiones (Alianza de Civilizaciones), a las que hay que respetar y tolerar, no usando esa misma vara de medir para los que desde hace muchos siglos han forjado la esencia del ser español y aun más del europeo en su cultura, arte, derecho, religiosidad, convivencia, historia…. Creo que van con sus actuaciones por un camino equivocado.
El filósofo italiano Vico nos lo dijo hace tiempo, “La historia se repite”, es como un péndulo que ahora está hacia la derecha y después hacia la izquierda. En la historia hay sus ciclos. Y con la Iglesia -compuesta por los fieles y la jerarquía- ha pasado lo mismo; cuantos más ataques ha sufrido, más fortalecida ha salido y por muchos ataques recibidos y periodos oscuros atravesados menos se la ha hecho desaparecer porque es obra de Dios y la guía y protege su Espíritu. Los Papas recientes lo han dicho: “¡No tengáis miedo!”.
Por eso, y volviendo al tema de los Crucifijos, es un ataque más a la sensibilidad y a la presencia de los Cristianos en nuestra Sociedad, donde somos hoy por hoy mayoritarios. Pero no debemos alarmarnos en exceso, ni excitarnos. Que nos quitan los Crucifijos de las escuelas, de los lugares públicos, de donde quieran, pues ¡que los quiten! Nosotros sabemos que la imagen real de Jesús está en la Eucaristía, en la Palabra de sus Evangelios y sobre todo en cada una de las PERSONAS que tenemos alrededor y que más nos necesitan: los niños, los enfermos, los ancianos, los parados, los encarcelados, las y los maltratados, los necesitados, los pobres y también los ricos, los sanos, los poderosos y hasta los enemigos. Sí, en todas esas personas está no ya la imagen de Cristo y de éste Crucificado, sino el mismo Cristo, que pretenden arrancar y desterrar de los lugares públicos y hasta de nuestras propias vidas. Y “no hay un pueblo que tenga más cercano a sus Dioses que nuestro pueblo”. Por consiguiente no nos harían falta “símbolos externos”, Dios está en nuestro interior, en la naturaleza, en todas partes, si sabemos “verlo y encontrarlo”.
Esta lucha contra Dios y contra la Religión Cristiana ha existido desde los comienzos del Cristianismo hasta nuestros días y en todos los lugares de la tierra. La propuesta de retirada de Crucifijos, por poner otro ejemplo cercano, ha provocado en Polonia una reacción admirable en su Parlamento, donde por aplastante mayoría han estado a favor del Signo cristiano. Y en España el Gobierno ha quitado hierro a la iniciativa de ERC, apoyada por su Grupo Parlamentario, matizando tal iniciativa. Y en esta línea hay que resaltar otra noticia que he leído hace unos días y que dice “Líderes religiosos Católicos, Ortodoxos y Evangélicos hacen un llamamiento a los Cristianos en la Declaración de Manhattan, Estados Unidos, para que no abdiquen de sus convicciones en los debates públicos”. Valentía, nada de complejos y exigencia dialogada de unos derechos que desde hace mucho tiempo los cristianos tenemos.
Ya D. Miguel de Unamuno, tan querido y admirado por muchos, como menospreciado por otros, decía hace setenta años: “La presencia del Crucifijo en las escuelas no ofende a ningún sentimiento, ni aun al de los racionalistas y ateos; quitarlo ofende al sentimiento popular, hasta el de los que carecen de creencias confesionales. ¿Qué se va a poner donde estaba el tradicional Cristo agonizante? ¿Una hoz y un martillo? ¿Un compás y una escuadra? O ¿qué otro emblema confesional? Porque hay que decirlo claro, y de ello tendremos que ocuparnos: la campaña es de origen confesional. Claro que de confesión anticatólica y anticristiana. Porque lo de la neutralidad es una engañifa” ¡Parece que D. Miguel estaba viviendo setenta años después de escribir esto! Y es que ¡la historia se repite!
Concluyo con otra cita de José Antonio Pagola en sus “Comentarios al Evangelio de cada día”: “Donde se cura la vida y se alivia el sufrimiento, donde ocurren cosas que son “buena noticia” para los pobres…allí está JESÚS, el enviado de Dios. Y allí están también los enviados por Jesús”.
Ésta es mi mejor felicitación de Navidad para todas las personas que aprecio particularmente y también para todas las de buena voluntad, con mis mejores deseos de Paz, Amor y Felicidad. Fernando Gámez de la Blanca - Colaborador
Navidad 2009





