Cuando de pequeño veía las procesiones, sus amigos no querían perderse los tambores, pero él, como de verdad disfrutaba, era viendo a las figuras encapuchadas que, báculo en mano, recorrían arriba y abajo el guión. Y si llevaban capa, mucho mejor. Entonces vio clara su vocación: de mayor sería directivo.

Poco a poco, fue arrimándose a las juntas, limpiando algún trono, ayudando a preparar los atributos, o, si hacía falta, a pegar sobres. De alguna manera, conseguía enterarse hasta de los traslados semisecretos, en el que el suave y dulce peso de una imagen sagrada era soportado por unos neumáticos michelín. Al fin, entró en una directiva, y consiguió, con gran facilidad, su primera misión: representar a su cofradía en una fiesta. Sin báculo, pero ya era un primer paso.

Su primera procesión fue para él como estar en el paraíso. Se la pasó subiendo arriba y abajo del guión, simulando que llevaba a cabo alguna tarea importante. No dejaba de saludar, con disimulo, a todos sus amigos y conocidos, a los que había advertido que sobre él recaía el peso de la procesión, y que no podía saludarlos. De vez en cuando, advertía a algún penitente despistado de que siguiera andando, encendía alguna vela, e incluso, en el colmo de la felicidad, echó a dos chiquillos que trataron de cruzar por medio del guión.

Ahora continúa de directivo. Pero, al contrario que los demás de la Junta, no suele aparecer para arrimar el hombro. No trabaja en la caseta, salvo que sea de cara al público, ni se le ve para trasladar o limpiar los atributos. Eso sí, cuando hay una junta general, aparece inmaculado. No se pierde ni una fiesta, es capaz de representar a la cofradía tras la General y en el Resucitado ¿cómo no va a hacerlo?, si encima lleva el báculo de presidente, que acaricia como si se tratara de un objeto precioso, soñando con el momento en el que lo detente. Los demás directivos saben que no trabaja como ellos por su cofradía, que es un tonto del báculo, cuyo único fin es poder figurar. Pero continuará en la Junta, porque siempre hace lo justo para que no lo echen, y ya se sabe, como no abundan ...