Amante del riesgo y de la aventura, se sitúa frente al paso, estropeando las fotos de varios como él, y así obtiene la misma fotografía de todos los años. El negativo casi repetido en los once tontos que se disputan el ángulo exacto desde el que conseguir su fotografía. Si es de noche, y además a la cofradía le ha tocado el cartel del año siguiente, aún se complica más la cosa, pues debe cargar con el trípode, y tratar de situarlo entre los otros 20 fotógrafos que, cosa curiosa, eligieron la misma vista que él. Así, formando una barrera como si esperaran el saque de una falta, tratarán de parar el paso para conseguir la foto.

El tonto de la cámara es capaz de todo para conseguir una buena foto, y si es con el binomio Santo- piedras detrás, mejor: es capaz de acostarse a las tantas con la Sentencia y levantarse con Jesús, para no perderse cuando el sol sale para mirarle la cara al Nazareno. Es capaz de buscar los lugares más inverosímiles para hacerle una foto a la Soledad subiendo, que nunca le saldrá bien. Llevará con paciencia el trípode e incluso importunará a algún encargado de trono, para que me lo paren “justo ahí, delante de ese monumento. No, no echen a andar todavía, que aún no he enfocado”.

El objetivo del tonto de la cámara es un zoom que se prolonga durante los trescientos sesenta y cinco días del año. Todas las noches (octubre o enero, da lo mismo) proyecta sus diapositivas en una pared del salón-comedor, que se va poniendo amarillenta de la luz de tanta candelería. A veces, surgen formas extrañas de color púrpura, sombras amoratadas que dejan en la pared una incógnita misteriosa.

El tonto de la cámara no ha visto nunca un cuadro de Cartier-Bresson, ignora que el mundo fluye y que nada podemos hacer para fijar los momentos. El tonto de la cámara es uno de los seres más desgraciados de la Semana Santa: no mira cuando tiene que mirar, no sabe contemplar, su autoestima es tan baja que pone un trozo de película por delante de la sagrada inmediatez de la pupila. Y encima, al pobrecito mío, a veces le tiran la cámara al suelo, o le echa una bronca un policía nacional vestido de faena que acaba de llegar de un cuartel de Badajoz. Una pena...