El tonto de la mejor es una persona sencilla, con las ideas muy claras. Cuando alguien le pregunta sobre su filiación cofrade, el responde con seguridad: yo, de la mejor. A veces, algunos, inexplicablemente, le requieren sobre cual es esa mejor ¡como si no estuviese claro! La suya, por supuesto.

El tonto de la mejor tiene un cerebro clasificador, que divide en clases las cofradías: la mejor, y, a mucha distancia, las demás. También, siguiendo un criterio totalmente objetivo, puede clasificar las imágenes: las suyas, magníficas obras de un célebre escultor, que en las demás no anduvo demasiado inspirado. Su banda sabe tocar como ninguna (en eso acierta, ninguna se atreve a tocar así) Su túnica es la más bonita, su himno, el que mejor suena, y hasta las faldillas de su trono están mejor cosidas que ninguna. Y si su trono no es el mejor, que conste que es por voluntad propia, porque son una cofradía sencilla.

El tonto de la mejor suele ser apreciado, por su gran capacidad de trabajo. Tiene una gran devoción a la cofradía, y a sus titulares (a veces en ese orden). Se lleva muy bien con todos los tontos como él, siempre que coincidan en la cofradía, por el contrario sostendrá grandes discusiones con los hermanos de otras cofradías, en las que se oirán argumentos muy razonados y meditados como “Tu cofradía no vale nada, la mía es la mejor””¿Y eso por qué?””Porque la tuya no tiene nada de valor “ Dirá, si es más sobria, o “porque la tuya es demasiado ostentosa”, si es más rica. En este momento, si el que discute con él no es otro tonto como él, abandonará la discusión, dándose cuenta de la imposibilidad de pedir peras al olmo.

Pero el tonto de la mejor tiene un sufrimiento: su Semana Santa dura menos que la del resto de los cofrades, pues empieza cuando sale su cofradía (bueno, quizás un poco antes, cuando sale su guión camino de la iglesia) y termina cuando se encierra. Después, inexplicablemente, sigue habiendo procesiones, que el tonto de la mejor ve para confirmarse en su idea: la suya es la mejor.