El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: "Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho".




"Nos gustaba volver con nuestros hijos pequeños y nos enorgullecía descubrir que se emocionaban con las mismas cosas que nos habían ilusionado en la infancia a nosotros. Querían que llegara la Semana Santa para ponerse sus trajes diminutos de penitentes, sus capuchones infantiles que les dejaban destapada la cara. Apenas nacían los inscribíamos como hermanos en la misma cofradía a la que nuestros padres nos habían apuntado a nosotros. Viajaban ansiosos en el coche, ya un poco más crecidos, preguntando nada más salir cuántas horas faltaban para la llegada. Habían nacido en Madrid y hablaban ya con un acento que no era el nuestro, pero nos daba orgullo pensar y decir que pertenecían a nuestra tierra tanto como nosotros mismos, y al llevarlos de la mano un domingo por la mañana por la calle Nueva igual que nos habían llevado a nosotros nuestros padres, al subirlos en brazos ante el paso de un trono para que vieran mejor al borriquillo que cabalga Jesús entrando a Jerusalén, o la cara verde y siniestra que tiene Judas en el paso de la Santa Cena, sentíamos consoladoramente que la vida estaba repitiéndose, que en nuestra ciudad el tiempo no pasaba o era menos cruel que el tiempo tan angustioso y trastornado de la vida en Madrid." Antonio Muñoz Molina
"Sefarad"

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