Ilustrísimas Autoridades.
Señor Arcipreste y clero.
Dignidades de Cofradías Pasionales y de Gloria.
Hermanos y hermanas cofrades.
Amigos y amigas.
Gracias por la generosidad de vuestra presencia esta noche hermosa, antesala de nuestros días de Semana Santa.
Siempre que realizo un trabajo de esta magnitud he tenido por principio dedicarlo, ya que con él dejo constancia de un sentimiento. Mi pregón esta noche es un canto dedicado y emocionado a nuestra ciudad y a unas vivencias que en mi interior se esconden, pero junto a esto quiero también que mis palabras sean un homenaje a todos los ubetenses, hombres y mujeres, que dejando esta bella tierra para aventurarse en otra extraña, siguen pensando y añorando su cercanía y presencia.
Cada cual a su manera es embajador de su propio ubetensismo y sus raíces, haciendo lo posible por dar a conocer su propia y personal visión de Úbeda.
Vaya pues, mi emocionado recuerdo y mi sincera dedicatoria. En todos, y más si cabe en estas hermosas fechas, se conjuga de modo sublime el verbo amar para hablar de la ciudad y sus tradiciones.
Hoy se han posado en mí tus días, Úbeda.
Hoy tu nombre ha surcado mis momentos
trayendo huellas de roces y palabras
dispuestas para el canto y la ternura…
Hoy me brotan las palabras como ramas
que te abrazan, te hunden y te ascienden
para hacerte savia de mi tronco…
Úbeda sosegada, irremediable Úbeda
de mis pensamientos;
del regreso o del recuerdo,
patria de mis huellas,
madre de mis descubrimientos.
Con el tiempo,
me ha atenazado la tristeza súbita
como el susto conmueve a los pájaros.
Y aquí estoy Úbeda
ante tu inevitable mirada,
preguntando mis porqués,
frente a un valle donde
corre o sueña mi vida desde lejos.
Aquí, sobre un paisaje de olivos que entre cerros enamora, por donde la razón divaga, es donde se asienta mi personal y peculiar forma de ser. Por eso, hoy mi ciudad, esa ciudad ya Patrimonio de una Humanidad que nos la confía como administradores de un excepcional bien, no es ni más ni menos que el numen de este canto-vivencia apasionado, en donde anda de alguna manera de forma solitaria la sombra de mi infancia.
Por eso no puedo retraerme a la idea de proclamar en alta voz:
“La Pasión en Úbeda según Sanjuán”.
Mi hermano Eugenio me ha precedido en el uso de la palabra, circunstancia un tanto ajena a él y a su personal manera de ser. En su texto ha querido, más con la subjetividad del cariño que con la objetividad de la razón, marcaros unas pautas sobre mi persona para general y público conocimiento. Alguien me ha comentado que este año tenía un algo especial, pues eran varios los actos cofrades en los que un hermano o hermana presentaba a otro. Quizás es que dentro del mundo de las cofradías, la familia sea un valor de primera magnitud en contra de lo que parece manifiesto en la sociedad en la que vivimos.
De alguna manera, hermano, has sido hoy mi nexo de unión con los que ya nos dejaron y con los nuevos miembros que en esta familia han sido, la cual lleva ya cien años desde su casa de la Corredera inmersa en este mundo cofrade.
Hoy tengo por seguro que para mí se cierra definitivamente una puerta en mi existencia y se abre otra que me acerca más a la Eternidad. Hoy, decía hace dos años en este mismo acto en Alcalá la Real, no se hará historia, se va hacer tradición que es más sutil y profunda. Y con su hebra fina e irrompible se va a tejer un tapiz de emociones, de imágenes y sensaciones en cada uno.
Gracias hermano por tus desvelos e inquietudes a lo largo de estos meses en los que has soñado la manera de realizar y sentir esta presentación. Pienso, como oí decir un día, que a esta edad que tenemos es más conveniente labrarse un pasado, que un futuro.
Desde el inicio del año han sido muchos y variados los actos y celebraciones que nos han convocado en este vivir y sentir cofrade. Aniversarios, exposiciones, pregones, exaltaciones. En todos ellos personas de relevancia, vinculadas a este mundo, han hablado y exaltado, a la vez que pregonado, la vivencia interior y la mezcla de fe, sentimiento y creencia que los ubetenses llevamos dentro.
Es pues, un año especial y al ir preparando este pregón, con frecuencia me preguntaba como podía yo, unirme a estas celebraciones, ya que con anterioridad a mí mucho se había hablado sobre ellas. Al final pensé que sería mi felicitación a todas y cada una de las cofradías lo que me haría sentir más unido a ellas Por eso sinceramente os digo:
¡Felicidades!
· Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad.
· Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración.
· Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Caída y
· Cofradía de la Santa Cena.
Pero creo, debo hacerlas extensivas también a la del Stmo. Cristo de la Humildad o a la del Prendimiento por su erección canónica y la bendición de su imagen, como a su vez a la Pro-Cofradía de Nuestra Sra. de las Lágrimas a la que pronto deseo vea cumplidos sus anhelos.
Esto nos lleva a la conclusión de que las Hermandades y Cofradías son algo muy vivo y dinámico dentro del seno de nuestra Santa Madre Iglesia.
Como pregonero no puedo dejar de felicitar también a la Unión de Cofradías. Queda ya lejano aquel 1954 en que una incipiente Agrupación de Cofradías se constituía para engrandecer y exaltar nuestra Semana Mayor.
Para pregonar la Semana Santa de este año su presidente D. Francisco Luis Sáez Aparicio, cometía a mí entender la osadía de proponerme a tal menester, ofreciéndome esta tribuna para compartir creencias e ilusiones.
Querido Paco Luis, permíteme que desde aquí me arrepienta por aquellos momentos de duda e incertidumbre, sabías que la razón estaba de tu parte y supiste esperar con una paciencia bíblica a que ella se proclamase.
En tí se unen ahora en estos cincuenta años, generaciones de ubetenses que siguiendo la voz del Maestro dejaron ocupaciones, ratos de ocio, familia y amigos y dedicaron esfuerzo, ilusión y coraje a esta bella tarea. Su fe, al igual que la tuya, es capaz de mover las montañas de la incertidumbre, la apatía o la dejadez.
Como heredero de una larga tradición y desde los cambios que la sociedad demanda, tienes en tus manos, al igual que están depositadas en los que te rodean esta noche, el futuro de nuestra Semana Santa. No olvidemos que hoy los cofrades necesitan junto a su esfuerzo, creencia y amor por sus cofradías, formación y es que para tener entendimiento basta nacer con el, para tener memoria o paciencia, ejercitarla; pero para ser un buen cofrade, es absolutamente indispensable educar y formar por entero a la persona para serlo.
Os decía hace un momento que siempre queda algo nuevo por decir de la Semana Santa y es que hay tantas como cofrades. Cada uno tiene un particular modo se sentirla, vivirla y creerla, por ello, hay tantas voces que escuchar, tantos mensajes que recibir y entender que cada año por obra y gracia del Redentor alguien ocupará esta tribuna de amor y entrega para hablar, proclamar y ensalzar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
Durante el trabajo de este pregón he estado releyendo los antiguos estatutos de la Agrupación de Cofradías que en su día aprobó nuestro prelado monseñor Romero Mengibar y en el Capitulo IV artículo 19 decía acerca de este acto lo siguiente:
“Debería de ser retransmitido por la radio o recogido en cinta magnetofónica para su mayor propaganda y difusión…”
¿Visión de futuro de aquellos próceres cofrades o afán de catequizar?
Quizás fuese ni más ni menos querer dar a conocer de alguna manera la riqueza peculiar de nuestro legado y su mensaje a la sociedad y esto es precisamente lo que Eugenio y Rafael están realizando en cada momento dentro de la red de redes.
Gracias a ellos los cofrades de dentro y fuera de Úbeda nos enteramos de lo que ocurre en nuestra ciudad, los preparativos y los momentos importantes. No caigáis en el desánimo, vuestra labor es un nexo de unión entre los que estamos fuera y la cercana o lejana Úbeda y esto en más de un momento ayuda a dulcificar un poco el dolor agudo que produce en cada uno el aguijón de la nostalgia.
Este honroso trabajo del pregón me ha traído muchos momentos emotivos y singulares. Unas veces como fuente cristalina ha brotado a borbotones de mi imaginación el caudal hermoso de los recuerdos: las fiestas de las cofradías, aquellos desayunos en los lugares más insospechados, como la hoy estación de autobuses, o el ir coleccionando las postales que de las imágenes se hicieron. Tantas y tantas cosas que uno creía olvidadas.
Sin embargo, en otros momentos este caudal se agotaba y llegaba incluso hasta mí una sensación de incertidumbre, refugiándome entonces en los versos de fray Juan de la Cruz:
“ Entréme donde no supe
y quedéme no sabiendo
toda ciencia trascendiendo..”
Sí amigos, no hay nada mas difícil de contar que aquello que uno sabe con certeza que ocurre en su interior y que a la vez es compartido con tantas otras personas. Allá en la antaño lejana ciudad de la Mota, mis sentimientos llegaban desde Úbeda como un legado de palabra, de sueños y de esperanza. Desde allí y otras veces llegándome hasta aquí, me he buscado con dificultad en mi sitio, con una soledad interior que a veces intimida y atenaza.
Sin embargo, ha salido la voz oculta y silenciosa de aquellos hombres y mujeres que me enseñaron con su vida y su ejemplo lo que es sentir y vivir dentro de una cofradía con responsabilidades o simplemente confundidas entre los demás.
En mi mente guardo los nombres de muchos de ellos que continúan cuidando y mimando la Semana Santa desde la Úbeda celeste y que enseñaban, en esta terrenal, el orgullo que para ellos era continuar una tradición heredada.
Permitidme tomad prestada la palabra de unos de ellos con quien conviví en la entonces Agrupación de Cofradías hace ya tiempo. Él decía así:
“..La tradición es el sufragio de los muertos, de los vivos y de los que aún no nacieron. Es la voz de los siglos, el hoy y el mañana…”
Es por eso, por lo que en mis palabras como si de un lienzo se tratara quiero plasmar el sueño de añoranza y esperanza de los que vivimos con la sabiduría secular que nuestra tierra y sus gentes nos brindan.
Unas gentes que ocupan un lugar en su fila y hacen cofradía de a pie trabajando con esfuerzo y sin recompensa alguna para cuidar el amoroso fuego de una antorcha que se nutre de fe y vivencias y que hay que dejar preparada a las generaciones venideras, haciendo posible unas cofradías centenarias como hemos podido presumir este año con el sano orgullo del que realiza bien su trabajo.
Solo el influjo benéfico del cofrade auténtico y de su sencillo magisterio será el testimonio vital que puede preparar, junto a la formación, al nuevo y joven cofrade para la tarea a la que está llamado.
A los de mi generación se nos enseñó y educó en una serie de valores sublimes,…en las palabras con mayúscula. Poco a poco el tiempo y la vida están trastocando muchos de ellos y poniendo en cuestión la veracidad de estas palabras. Sin embargo cuando la duda se acerca a nosotros y hace tambalear principios, es cuando uno debe de acudir a su fe y a sus recuerdos, ya que son para mí la verdadera sustancia de las personas.
Entonces llegándote a tu interior, piensas:
“..Ojalá con el tiempo solo quede lo bueno, que los años arrasen la memoria de los días de miseria y que el viento igual que se llevó nuestras promesas se lleve las palabras alevosas con que nos golpeamos hasta hacernos sangre. Que el corazón descanse y que la lluvia borre la huella de la última batalla...”

Pienso sinceramente que la Semana Santa es un fenómeno llamativo y sorprendente. Todos sabemos que vivimos en una región impregnada de religiosidad. Que dicen, sabe como ninguna, poner una vela a Dios y otra al diablo, que se expresa de mil formas distintas y que la lleva como algo omnipresente en su cotidianidad, y es que no nos engañemos, a través de nuestra religiosidad, tenemos un acceso privilegiado a nuestra memoria colectiva y a nuestra identidad como grupo social.
Queramos o no nuestra idiosincrasia socio-cultural va unida a la historia de la cristiandad y al baremo de sus valores. De ella han emanado nuestras reglas morales y el comportamiento social así como nuestra educación particular.
La pasión de Cristo no es algo ajeno, pues marca un hito fundamental en nuestra historia más o menos reciente, de lo que en ella aconteció y su posterior interpretación no estamos al margen. Por ello asistir a su conmemoración con el respeto y la solemnidad que estos actos merecen son muestras que nos afirman en nuestra condición de hombres y mujeres libres, que orgullosos portamos un pasado que nos forjó
El fervor popular, junto a la expresión artística, dan como resultado una manifestación surgida de un pueblo por él realizada. Para los creyentes son fechas de penitencia, recogimiento y oración. En estos días santos, a través de la Liturgia y la Pasión, vemos y sentimos la entrega de Cristo a los demás, notando plenamente su mensaje actual frente al individualismo, materialismo e insolidaridad que la sociedad en general tiene.
A través del sufrimiento de Cristo, de su Muerte y de su Resurrección, damos sentido al dolor y a la muerte en nuestras propias vidas. Dios está en nuestra Semana Santa, alienta su espíritu sobre ella y por eso mantiene su tradición secular.
Sabemos que las personas tenemos la capacidad de dirigirnos a Dios sin necesidad de imágenes o de cualquier otro medio. Pero no creo que en Úbeda podamos renunciar a un legado que nos acompañó desde nuestra infancia y hemos heredado de nuestros mayores. Por eso Úbeda adorna su Semana Santa a su manera señorial, lo hace en armonía con lo que exige su gusto de ciudad artística y cristiana y pone toda su belleza a la contribución esplendorosa de estos días santos.
Esa Úbeda cristiana que han cantado nuestros poetas hace don de sus paisajes al Señor como una minúscula ofrenda por el amor y la entrega que Él nos dio. Esta Úbeda quiere ante sus ojos, la imagen de un Jesús que sufre, o de un apóstol que duerme. Tener delante a la Madre de la Soledad que escucha cariñosa la palabra que María Magdalena pronuncia por todo un pueblo que ama a la Virgen sanmillanera.
Nuestro pueblo, no sabe de Pasión porque lo oiga en las escuelas o en la catequesis, la conoce con detalle porque lleva mucho tiempo viviendo y comprendiéndola en familia que es donde mejor se aprenden las cosas y más perduran.
Las gentes de Úbeda llevan siglos siendo testigos y participes. Aquí vivimos el Misterio, porque somos ciudad de Semana Santa con sus derechos y sus deberes. No tenemos las procesiones para hacer Semana Santa, sino la Semana Santa para encontrar en ella las procesiones.
En Úbeda se llega a las cofradías al nacer y se despide uno de ellas al morir. La ropa y la bandera cofrade, símbolos máximos de un vivir peculiar, acompañan a uno hacía la gran procesión de los hijos de Jesús Resucitado.
Por eso aquí lo grande, que va a suceder a partir de mañana es que el pueblo, como tantas veces lo ha hecho, va a llevar a Cristo y a María en sus pasos por la calle, exhibiendo con orgullo su fe y abriendo con el corazón y la palabra la ruta inolvidable del Calvario. En Úbeda como dijo el sabio, cada año hacemos nuestro “casi nada” para que Dios haga su “casi todo”
A lo largo del tiempo hemos vivido una espiritualidad con una inflación de “prendas seguras de salvación” y no nos hemos dado cuenta de que la “única prenda segura” de salvación, es el amor. Por eso, a veces, nuestro gran pecado es precisamente no amar. En ocasiones nos preguntamos sobre la Palabra de Dios y luego no la aceptamos, no somos capaces de dejarnos interpelar por Él.
La Semana Santa precisamente viene a darnos a Dios a través de Cristo y su mensaje, indicándonos una vida de fe que no tiene zonas seguras y de garantía definitiva sino una fe de riesgo, de entrega a los demás. La fe que Guardini ha definido como “la capacidad de aguantar las dudas”
En la fe, como nos lo decía San Juan de la Cruz, hay oscuridad y desde ella nos habla Dios como verdadera fuente de luz que disipa nuestras tinieblas y temores para ayudar al hombre a tener y aceptar sus dudas y a enfrentarse con ellas para llegar a Dios. Lo importante es saber y sentir que en la noche de nuestra soledad y desconcierto, la estrella de Dios brilla siempre sin que nadie, ni nada, sea capaz de apagarla en lo mas profundo de nuestro ser.
Conocer y disfrutar de la luz de Dios necesita de experimentar y profundizar en su mensaje. Nuestra fe no puede limitarse a unas creencias, necesita la formación que la robustezca y la haga fuerte. No tengamos miedo a conocer nuestra fe, como dice el Santo Padre, abramos el corazón a Cristo pues conociéndole, le amaremos más. Acerquémonos a la doctrina de la Iglesia, tomemos el diálogo que enriquece, disipa dudas y soluciona malentendidos.
Las cofradías, son modos de propaganda de la Iglesia y tienen a su vez que ser grandes medios de formación cristiana que irradie a la sociedad que les rodea. Los cofrades son personas que asumen libremente su condición de bautizados y como tal son miembros vivos de la Iglesia de Cristo y junto al compromiso público de dar culto está el de asumir responsabilidades propias de querer vivir una vida de fe según el estilo de Jesús de Nazaret.
Los tiempos cada día se ponen más difíciles para los cristianos y la iglesia no puede mantenerse solo con los sacerdotes, tiene que ser comunidad cristiana formada por unos y otros, unidos.
En los últimos meses vivimos en nuestra diócesis un tiempo de reflexión y de análisis de nuestros propios problemas como cristianos y sus posibles soluciones. Es necesario valorar, profundizar y conocer las actitudes. Tenemos que, desde la esperanza que nos da el ver nuestro interior de forma libre y sin complejos, enfocar la actualización de nuestra iglesia diocesana. El mundo cofrade, por su importancia, no puede permanecer en ningún momento ajeno a esta reflexión interior. Sólo si estamos preparados podremos afrontar los nuevos retos.
Demos, sin lugar a duda, ejemplo del modo de vivir cristiano. Sólo cuando ponemos a Jesús como respuesta a nuestros interrogantes es cuando de verdad tienen sentido nuestras manifestaciones religiosas. Si Cristo no es el centro de la vida cofrade todo se reduce a unas relaciones de poder o de intereses.
Siempre las Hermandades y Cofradías han respondido a la espiritualidad seglar de su tiempo, siendo instrumentos eficaces de la Iglesia, hoy quizás, mas que nunca, este papel sea decisivo para llevar a cabo la renovación y catequización. El mensaje, emanado del Concilio Vaticano II y actualizado permanentemente por los órganos colegiados de la Iglesia y del episcopado, debe ser asumido paulatinamente por el mundo cofrade a la vez que manifestado e impulsado, con caridad cristiana, por la autoridad eclesiástica.
Volviendo sinceramente el rostro hacía Cristo llegaremos a los demás y verán en cada uno la fe que emana del ser cofrade, la forma más andaluza de ser cristiano y la forma mas cristiana de ser andaluz…
En este último tramo de mi particular estación de penitencia, torno al presente que se nos manifiesta ya inmediato. Justo es que si celebramos la Resurrección del Señor durante cincuenta y una semanas, dediquemos al menos una a la contemplación de su Pasión y Muerte. Nuestra vocación cofrade nos lleva a volcarnos en esta contemplación y así llega la cita anual con esquinas y lugares personales, el saludo y la vivencia con rostros conocidos o anónimos, el encuentro, en definitiva, con el propio yo de cada Semana Santa que sale a vivir y contemplar lo que nuestra Úbeda de Semana Santa nos ofrece porque
Contemplar es:
Un conocer sin pensar,
un saber sin razonar,
un poder sin ser capaz.
Únicamente mirar.
Contemplar es, además
intuir y frecuentar,
percibir y adivinar,
Tratar, dar y …enamorar.
Todo con solo mirar.
Contemplar pues, es, al fin,
Que sin moverme hacía ti,
En ti descansar.
(M. Gutiérrez)
Luna llena de Nissan, primavera, Domingo de Ramos.Inicio de una liturgia plena de madurez de esperanzas y temores, adornada de palmas y olivos. Todo salta pleno de júbilo, presagio de una Tragedia por llegar.
La Semana Mayor de Úbeda hace tiempo se manifestó en la liturgia cofrade. Se hizo sonido en el repicar jubiloso del bronce sonoro de nuestras campanas. Fue explosión en el estallido ruidoso del cohete y en el golpear bronco del tambor y sobrecogedor en el grito hiriente y lastimoso de la trompeta, pero también se manifestó bella haciéndose finalmente melodía de amor en las notas solemnes de nuestras marchas procesionales.
Jesús entra, en esta Úbeda que se transforma por horas en la Jerusalén elegida, amada, maldecida que se alegra con los triunfos y se entristece con las deserciones y desde los cerros que nos circundan se oye un Hosanna de siglos presagio de las palabras del maestro:
“ Si estos callaran, gritarían las piedras.”
Más tarde, María se hará Gracia bendita en cada uno al llegar la anochecida y un caudal ruidoso de esa Úbeda que espera con ansia y amor, se derramará lentamente hasta hacerse oración en una plaza de siglos y estallará en un clamor jubiloso cuando al cielo sea alzada por el empuje unánime del corazón costalero.
Mas si la noche se hizo Gracia y Belleza, júbilo y alegría, el martes se tornará silente y oscura. Cristo elevado sobre nuestras cabezas se nos mostrará en la dura crueldad de su martirio como presagio de lo que ha de venir y al golpe seco, sobre el desnudo suelo, se acercará a todos en un andar racheado como arrastrando tras de sí las culpas de cada uno.
Cada Martes Santo, Señor de la Noche Oscura, sigue convocándonos a recordar que nuestra vida es un continuo caer y levantarnos para acercarnos más a Tí y como nos sabemos pecadores, ten compasión de nosotros.
Miércoles sagrado de Pan y de mantel, de Eucaristía que se renueva, de celebración gozosa. Jesús en pie como buen anfitrión nos llama al pasar invitándonos a su mesa para participar del Sagrado Banquete de su Cuerpo y de su Sangre. Se renueva el Misterio cada año y de la mano de un hombre que recibe, como el maestro, el nombre de Jesús su presencia llega a nosotros. Este año, quizás, tu mirada esté perdida pero siempre que al volver tu cara la fijes en la del Maestro, te sonreirá abiertamente y te dirá lo que tú ya sabes, que desde el cielo siempre hay una mirada pendiente de ti y de los tuyos. Sólo te pido, Jesús, que en ese encuentro a solas con Él te acuerdes de mí y de los míos, porque en la noche especial de cada Miércoles Santo con ellos me encuentro en el recuerdo.
Al fin llegan, como dicen algunos, los días de Semana Santa: Es el momento del Triduo Sacro, días para vivir y recordar. Las horas caen despacio, a su antojo, no se las puede medir, se fusionan en un solo día en donde la prisa lleva ya incluida su propia pausa, el silencio, su música y la oración, su entrega.
Triunfo del Amor y de la Cruz. Monumentos en donde su Divina Majestad se rodea de la pompa y magnificencia de un patrimonio de amor y siglos de creencia. Días de cofradías personalísimas, adoramos y veneramos. Una fe de siglos se hace creencia arraigada en el fondo del alma, acariciada por el amor de una familia y envuelta en el ropaje maravilloso de la tradición.
Dejemos que llegue a cada uno lo que ha sentido el aire de nuestra Úbeda a través del tiempo. Sintamos el hermoso detalle que nos estremece en cada momento, en una sola hora, en un preciso instante invadiendo nuestro ser de una vivencia que no por menos presentida es menos deseada. Repitamos la ronda y modos de otros tiempos en una ciudad que se encalma y sosiega aún a pesar de la multitud.
Es Jueves Santo y hoy sentimos el rayo de luz divina que hiere y rasga nuestra tiniebla interior. Nos ponemos cara a cara frente a la Belleza y las divinas palabras bajo la advocación mariana de Esperanza, Caridad y Fe se llenan de contenido y significado.
Jueves Santo ¡Dios lo hace! Desde la mirada de congoja de Cristo pidiendo al Padre que pase ,si es posible, el cáliz de amargura que le tiene preparado, al Jesús atado a la Columna, abatido por el látigo, Sentenciado a la vez que condenado y que queda ante nosotros como Ecce –Homo lleno de Humildad y congoja.
La noche se ha hecho en Úbeda para la cruz desde hace ya casi veinticinco años, y se nos presenta tan cerca que se puede acariciar cada vez que con suavidad y dulzura se ve izada por unas manos que quieren soportar el dolor de este Cristo muerto. Señor de la Buena Muerte te siento tan cerca de mí que no puedo más que decir:
“No soy digno de que entres en mi casa”
La paz que emana de tu cara ya exánime, no marca el ictus propio de la muerte dolorosa y cruel, sino la dulzura que tiene morir sabiendo que Tú estas al lado de cada uno en este momento difícil de la existencia humana.
Cada noche del Jueves Santo, al mirarte, comprendemos como llega de forma acariciante y sublime el influjo de lo sagrado a nuestro lado.
¡Jueves Santo en Úbeda! Qué envidia del aire, del incienso, del clavel, de la música, de la cera, del mantel, del trigo hecho Hostia de Amor y entrega en un Monumento que guarda a un Dios que se hizo promesa para siempre.
La noche, una duerme-vela, han Sentenciado a Jesús y la Madre de las Penas se prepara ya para vivirla.
La crucifixión se hace inminente y de alguna manera durante esta noche el día no muere, sino que la oscuridad se torna en una bisagra atemporal que une los dos días, sin hora, en esta ciudad de Semana Santa. El grito desgarrador del clarín y la corneta nos sobresalta y nos anuncia que andemos previsores pues en estos momentos, afortunadamente, si nos sabemos convocados.
El alba clareará suavemente desde un amanecer que viene reuniendo y modulando, desde lejos, un horizonte de nubes nazarenas. En la gran plaza de nuestra historia, de nuevo, somos convocados. Todo se hace murmullo de oración. Los siglos se van doblando humildes en el tiempo ante la presencia serena y majestuosa del Paso. Un dedo gigante de luz, cúmulo de miradas ansiosas, abre con pesadez los batientes, haciendo girar los goznes. Bajo el peso de la cruz, que recoge la culpa de un pueblo, la realeza de tu presencia Nazareno de las Aguas, recibe el beso de esas mujeres singulares que frente a tu puerta te rezan y encomiendan, en oración, las enfermedades y agonías de un pueblo.
Ellas, tus siervas, saben como nadie, que en los momentos difíciles, en tus manos nos ponemos. Escúchalas Padre Jesús, como lo haces a diario. Tú, como ninguno, sabes donde se encierra la inocencia.
Del silencio que ahoga el suspiro nace la música que cae a tus plantas, es la melodía de unas notas que el amor y la fe por ti arrancó a un hombre de Semana Santa, que supo plasmar, como otros muchos han hecho después, el alma del ubetense hecha marcha para acompañarte con dulzura en los momentos trágicos de tu vida y los de tu Santísima Madre, tras tus heridos pasos.
En la plaza, la oración se expande como un mar de emociones y en las piedras centenarias de estos edificios, rompeolas de la historia, salta en mil pedazos cayendo como pétalos de flor sobre el suelo, tapizándolo todo con suavidad para recibir la rodilla y la mano ensangrentada del Caído de Benlliure, evitando así añadir más dolor al sufrimiento.
Una centuria llevamos aprendiendo que tras la Caída siempre hay que levantarse, que si a veces está llena de Amargura, es más gratificante levantarse y seguir ofreciéndose a Cristo. Señor nos enseñas que tu consigna sigue siendo la misma durante toda la historia, caer y levantarse, aguantar los envites de la vida y seguir adelante. La mirada penetrante, que nos diriges, nos hace pensar en la claridad de tu mensaje.
La conjunción del blanco y el morado en la plaza ha sido el crisol de la fe de un pueblo hecho penitente esta mañana.
Hoy Úbeda es un rostro multicolor. ¿Sol o nubes?, que más da, es Viernes Santo, es:
UBEDA Y CRISTO
Nosotros junto a María, expectantes, siguiendo el camino que nos marcas. Alegría enmarcada por un íntimo y veraz arrepentimiento que nace de la autenticidad de un día único. ¿Dolor? ¿Por qué? Sólo tendría razón de ser si Cristo no hubiese vencido a la muerte.
La mañana ha quedado signada de aromas, el incienso columna casi invisible que nos acerca al cielo, deja prendida su esencia a nuestro alrededor, es el peculiar aroma, al igual que la antaño dulzona esencia del clavel, con que marcamos referencias de Semana Santa.
La euforia popular se adentra con suavidad por calles y plazas. Mientras en el recogimiento del templo la cera consagra su blanca virginidad al Esposo, se funde como entrega maravillosa al Amor de los amores, crepita y ondula ante el Sacramento su calida e íntima plegaria. Semana Santa, triunfo sublime de la cera dentro y fuera del templo.
Mas ahora llegó el momento, la hora precisa, la cruz se eleva sobre todo y todos, el mástil generoso ondea sobre una Úbeda que se arremolina a sus pies, faro y guía hermoso y luminoso de una fe cuatro veces centenaria.
Es el inicio de la tarde, se nota ya sobre nosotros el cansancio de las cosas inertes. La Redención con toda su crudeza y magnificencia se nos presenta arrebatadoramente actual.
Nuestra fe de siglos puede andar dormida, desalentada triste, ahora, en este preciso instante, exhalando el espíritu, se espabila con la fuerza de la sacudida y el alma, que a veces creíamos estéril y sin oración, se siente rápidamente inundada de preces:
¡Madre de los Dolores, he ahí a tu Hijo!
¡Hijo, he ahí a tu Madre!
Y un grito nos envuelve como lleva haciendo ya más de veinte siglos:
“Padre, perdónalos porque no saben los que hacen”
Oscurécese el sol de repente;
se cumplió la fatal profecía.
¡Mira, mira a tu Hijo María!
¡Mira, mira, cadáver está!
La tragedia, se consumó. Se hizo Teología en el divino cuerpo del Creador. Sobre la fealdad, a veces, de la condición humana, la muerte de Cristo se tiende como un sudario blanco de Redención.
¿Hijo mío! exclamaba:
¿Quién pudo consumar tan terrible martirio?
¿Quién al ver de tu Madre el delirio,
darte muerte intentara traidor?
.En las virginales manos de María el luto de la tragedia sublime se hizo inmaculado lienzo. Se rompió ya la dulce tela del encuentro, La muerte del Señor se ha consumado y la naturaleza sabia empieza a teñir el cielo con un suave cendal de nubes para unirse al gran misterio.
Cubre así la blanca desnudez de un Cristo que yace, inerte, en los brazos de la Madre de las Angustias.
Ya desciende del Árbol Sagrado;
Ya en tus brazos lo ponen, Señora
Su regazo que lo recogió con dulzura en Belén lo hace ahora del mismo modo y ese pecho que amante le adora, el puñal del dolor hiere ya.
Gracias Madre tu “Fiat” generoso nos dio la Salvación. Tu entrega, sin limitaciones, nos enseña como hay que entender el mensaje de tu Hijo y nos hace ver lo grande de sus palabras. No hay amor más grande que el que da la vida por los demás. El tiempo y el esfuerzo consumieron tu hermosa belleza nazarena y sin embargo la dulzura que emana de tu rostro sigue siendo el mejor referente para los momentos de dolor. Cristo recogido en tus brazos nos indica el lugar para descansar eternamente.
Muere la tarde, María otra vez presente, esta vez alzada e ingrávida sobre el amor de sus costaleros, corazones amantísimos en torno a la tristeza de la Madre.
¡Ya es nuestra!, siempre lo has sido Eres patrimonio de una ciudad que se entrega a Tí sin tasa ni medida desde hace ya mas de cuatro centurias, que no quiere verte nunca sola y se arremolina a tu alrededor cada Viernes Santo.
Apretados y estrechos, no quieren dejar hueco por donde pueda marchar y sin embargo a un golpe, a una señal, esa flor apretada de sentimientos, oraciones, vivas y jadeos se abre con la flexibilidad más asombrosa y su presencia se derrama como un aroma intenso de singular frescura y fragancia.
Luego, mas allá, cuando la estrechez se hace plaza, asomados desde el balcón de la Úbeda celestial los poetas derraman versos sonoros y ellos que a lo largo de los años se entregaron con la pasión que nace de un amor sobrenatural, dejaran caer con su voz algo desgajada, su cosecha de pareados sobre el corazón de la Madre.
Nadie pierde el momento, el silencio abre el corazón de cada cual, unas golondrinas de agua asoman en los ojos y al llegar el preciso instante todos pronuncian a coro como un estribillo bien aprendido:
“LA SOLEDAD”
Del sepulcro la losa te oculta
a esos ojos que anéganse en llanto.
Sola quedo, Hijo mío, y por tanto
Solo espero morir de dolor.
Nunca Madre, nunca te dejaremos morir de dolor y aunque te vemos rota y destrozada sobre el trono, toda Úbeda de acompaña. Nunca Entierro alguno se vio tan concurrido, es que ha muerto el más grande de los hombres y en su muerte algo de cada uno lleva consigo.
La tragedia se adentró en la noche, las antorchas entrecomillan el cadáver, tintinean las luces bisbiseantes de las velas en los faroles. La brisa suave besa con dulzura la mejilla pálida de esta Virgen llorosa y enlutada que asiste expectante al duelo de Aquel que derramó la vida como manantial salvífico.
Sobre el gran valle que casi nos circunda el gran río de las estrellas blancas le pregunta a la luna sobre lo que ocurre en la ciudad de los cerros.
La noche se acostó sobre Úbeda y la cubrió con un velo de silencio negro. La ciudad anda cansada, perdida, desorientada, sin embargo un Vía-Crucis la recorre, inmenso, y logra casi detener su pulso.
Este año la decimocuarta estación lo inicia. El corazón y la esperanza están junto a Cristo muerto, Yacente.
Pasó el día que fue oración, arrepentimiento, procesión, color, brillo en los ojos derramando sentimientos…Noche silencio, recogimiento, oscuridad sobrecogedora y solemne.
¡Viernes Santo, Cristo, Amor, Entrega. Úbeda!
Allá en el horizonte, a lo lejos, por donde la mañana se vistió de lirio ya se atisba un resplandor radiante, pleno de presagios esperanzados. Pronto se hará la luz para hacernos despertar al Triunfo de la Vida con Mayúscula. Es la ilusión en la fuerza de la Resurrección.
De nuevo ha pasado el día y en la oscuridad de la noche la llama sagrada rasgó la oscuridad, paso a paso. El cohete, como un fugaz cometa rompió la negrura celeste y estalló en un brinco de luz jubilosa. El bronce sonoro de nuestra campanas se hizo eco de la noticia:
Resucitó según dijo.
Resurrexit sicut dixit como desde pequeño oí.
Portones de San Nicolás alzad los dinteles va a salir el Rey de la Gloria. Jesús Resucitado no puede permanecer más tiempo oculto y hay que mostrarlo. Tambores tocad. Trompetas llamad a todos, que suene la marcha. Jesús está delante de nosotros.
Hoy, más que nunca, siento que a lo largo del tiempo ha salido a la calle dirigido por unas manos amorosas que a través de su ciudad lo guiaban, mostrando orgulloso, como un discípulo más, que no había muerto y hoy, sigo pensando, que cada Domingo de Resurrección, cuando Cristo va a iniciar su procesión, en silencio, como se hacen las cosas bellas, le pide al oído que, lo siga llevando por las calles de su Úbeda, como tantos años lo hizo, hasta que sea llamado a su presencia.
Dice la Escritura que “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra Fe”; por eso la Resurrección del Señor debe ser el centro y punto de mira en la vida del cristiano, por eso la Iglesia cambió al Domingo la celebración semanal del día del Señor y por eso sabemos que también nosotros hemos de resucitar un día.
Si los cofrades contemplamos ensimismados hasta el más mínimo detalle de los horribles sufrimientos que padeció el Redentor, es para dar más valor a su Triunfo sobre la muerte; por eso la Semana Santa, que dura trescientos sesenta y cinco días, comienza realmente el Domingo de Resurrección cuando la ojival puerta de San Nicolás se cierra tras el paso de la Virgen de la Paz.
Nosotros cofrades del Resucitado, no somos, pues, la última Cofradía de Semana Santa de Úbeda: ¡somos la primera! Y por ello la vieja sabiduría de esta ciudad nos incluyó entre los días santos desde hace casi un siglo.
Y no es casualidad que sea la Paz la advocación que queda con nosotros ante un año de trabajo y espera: en nuestra Estación, no ya de Penitencia sino de Gloria, tenemos que dejar el aire de Úbeda saturado de ella, pues el lunes de Pascua, cuando pongamos de nuevo los pies en la tierra, la necesitaremos para tener la capacidad suficiente de sembrarla por el mundo en el que vivimos.
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Todo se ha consumado, el ritual se ha cumplido de nuevo y a través de mi humilde palabra he querido expresar a todos lo que es un inmenso mar de tradición, historia y fe. No sé si habré conseguido lo propuesto. Desde esta tribuna que causa pánico y emoción he visto vuestras caras y en ellas reflejada la actitud ante nuestro gran Misterio.
Todos sabemos que más que hablar de Semana Santa se conoce mejor viviéndola. Aprestémonos pues y dejemos correr el tiempo, ese discurrir cotidiano que traerá motivos marianos a esta tribuna y nos llevará a las plantas de nuestra Chiquitilla del Gavellar, cimiento inquebrantable de creencias.
Ya solo me queda el adiós emocionado, la ilusión de haber tenido para mí, en este secuencia temporal, el tiempo parado y a mi Úbeda prendida de mi palabra y sostenido su pulso entre mis manos. A partir de mañana todo estará por vivir y compartir y el protagonismo será de todos, presentes y ausentes.
En mi mente un último deseo, una pequeña manda testamentaria. Amad y cuidad nuestras Hermandades y Cofradías son nuestro más preciado tesoro y en torno a Jesús y a María unamos nuestras fuerzas y nuestras vidas. No dejaos confundid por los que vienen a ellas en un juego perdido de vanidades, al final pasan. Solo los que a ellas llegan y están con el corazón abierto al amor de una fe verdadera son los que subsisten.
Unámonos a la Santa Madre Iglesia en su camino tras de Cristo, no marquemos diferencias, sino entendimiento, aceptemos de corazón los mensajes que ella nos da y seamos capaces desde su seno de cambiar y adaptarnos a los tiempos, siempre puesta la mirada en el mensaje salvifico de Cristo y con la paciencia presta como Job..
Somos hijos de una misma Madre que invocamos con múltiples nombres,: Guadalupe, Amor, Gracia, Esperanza, Caridad, Fe, Penas, Dolores, Angustias, Soledad, Auxilio, Lágrimas y Paz, verdadero devocionario para la mas Hermosa y Pura , que Ella sea para todos la dulce escala para llegar a Dios.
Nada más. Gracias Señor por darme la palabra necesaria para hablar de Tí. Conserva en nuestro corazón esta peculiar manera de vivir los Misterios de tu Pasión Muerte y Resurrección y da tu aliento para que cada año el que ha de ocupar este estrado glorioso, pueda hablarnos, con pasión, de estos días santos que convierten a esta ciudad de Úbeda en antesala del cielo.
Estamos en Úbeda y a partir de mañana como Pedro en el Tabor diremos:
“Señor, que hermoso es estar aquí”.-
He dicho.-