(Pregonero: D. Manuel López-Agulló Lendínez - Magistrado y cofrade)





Cuando era niño la magia y la ilusión de mi vida giraban en torno a dos acontecimientos puntuales: la Noche de Reyes y la Semana Santa. El primero porque significaba conseguir lo inalcanzable, haciendo realidad ese deseo tan esperado; el segundo porque materializaba la fe cristiana que me inculcaron mis mayores, quienes esta noche ocupan especialmente mi corazón.

Con el transcurso de los años, la mirada hacia esos recuerdos de infancia adquiere la pátina de la nostalgia y la emoción que hoy llenan las palabras de este que os habla.

Desde lo más profundo de mi corazón agradezco pues, la invitación de Paco Luis para estar hoy aquí pregonando la Semana Santa de nuestro pueblo, de mi pueblo, de Úbeda....Gracias por este honor inmerecido que espero no defraudar.

Para todos los ubetenses que vivimos lejos, estas fechas nos embriagan de una extraña y dulce agitación; es el momento del reencuentro con amigos, pero sobre todo con nosotros mismos, con nuestros recuerdos, con nuestras emociones, con las experiencias vividas. Volvemos a ser aquellos que un dia despertaron acariciados por el viento de la maravillosa Ciudad que les vio nacer, pero ahora envueltos en una atmósfera distinta a la cotidianidad, imperceptible para algunos, pero fresca y exultante para aquellos que de una u otra forma participan en la liturgia callejera de nuestra Semana Mayor.

Úbeda mira al cielo sacando su dolor a la calle y lo hace desde los sentidos, desde la estética de sus imágenes, desde la altura de las torres de sus palacios, iglesias y conventos. Aquí el paisaje arquitectónico es una plegaria sentida y profunda por donde discurren sobriamente nuestras procesiones, de forma silenciosa, recogida, confidencial; y es que con el renacer de la primavera vuelve el milagro de la conversión en rito y en arte de los más sublimes episodios de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, vistos por grandes imagineros y vividos por un pueblo capaz de mantenerse fiel a las tradiciones, creando así un hecho cultural en el que se funde la creencia y el arte.

La Semana Santa es herencia, nos la transmitieron los siglos, es una parte importante de nuestro patrimonio, es historia, es cultura popular religiosa; en efecto, Dios hecho hombre está a punto de pagar con el precio de su sangre el rescate de nuestra verdadera libertad. Ese hombre, Jesús, desarmado de su dignidad para hacerse como uno de nosotros, insultado, humillado y lacerado en la cruz, quiere nuestra resurrección espiritual y nos anima a dejar atrás el individualismo, el egoísmo y la avaricia que nos invaden, encendiendo en nuestro corazón la llama de la esperanza por un mundo más solidario, más justo, más generoso y más pacífico, donde no tenga cabida odio ni rencor algunos.

Con el máximo respeto a quienes me precedieron en esta Tribuna; dignas Autoridades, señoras, señores, queridos amigos, os invito a reflexionar conmigo sobre el hecho religioso de la Semana Santa, visto desde tres ópticas diferentes pero complementarias: el amor, la muerte y la vida.



UN ACTO DE AMOR Y DE ENTREGA TOTAL.-

Jesús es el ejemplo vivo de un acto de amor y una entrega sin igual.

A veces los seres humanos creemos que construir un mundo mejor, más solidario, basado en el respeto a los derechos humanos requiere grandes esfuerzos, tan grandes, que creemos que es una tarea imposible. La madre Teresa de Calcuta lo comprendió bien: “ Amar como él ama, ayudar como él ayuda, dar como él da, servir como él sirve, estar con él las veinticuatro horas tocándole su harapiento disfraz”. Si, en su harapiento disfraz, en su rostro de anciano solo y abandonado, en el cuerpo golpeado de una mujer por su marido, en el -hombre dormido sobre unos cartones a la intemperie de una sociedad que le rechaza una vida digna; en los niños y niñas de la calle; en la sombra del inmigrante que se hacina tembloroso por el frío, el miedo y el golpe de mar en una patera; en el vagabundo que tememos; en los que perdieron a sus familiares a causa de la guerra; en el moribundo y en el enfermo, en tantos seres desvalidos, indefensos y pobres que no tienen voz para reclamar lo que por derecho les corresponde y le es negado. Jesús no está muerto, Jesús, el hijo de María vive y está entre nosotros,... ¿qué otro significado más que el puro amor iba a tener que Dios se hiciera hombre y pobre?.....

Jesús entró en Jerusalén recibido con vítores al Mesías anunciado. Las rígidas castas sacerdotales supieron muy atinadamente pulsar las teclas psíquicas de los hombres para dirigir el sentir de la masa, en parte, en una dirección negativa. Cuando mañana Domingo de Ramos la puerta de la Trinidad se abra a la primera hermandad, todo Úbeda acudirá jubiloso a recibir al “Borriquillo”con muestras desbordantes de alegría y una inquietud contagiosa y radiante. Muy pronto florecerán amores y milagros, la risa de los niños y multitud de flores........ Nuestras mejores galas darán testimonio externo de la gran fiesta y Tú Jesús majestuosamente erguido a lomos de la pollina serás aclamado por la multitud como “Hijo de Dios”. La crueldad del destino escrito para salvación de la humanidad es la huella de tu dulce y benefactora mirada.

Con la Santa Cena el rito, un año más, se hace magia y verdad. Jesús ha concedido su amistad a los discípulos y ha completado en ellos la revelación, comunicándoles los secretos del Padre. Pero ninguno es merecedor de tales gracias. Es Él quien los ha elegido a todos gratuitamente, tal como indica San Marcos en su evangelio: “llamó a los que quiso”, y por eso los convocó en la Cena de Pascua, para comunicarles que su hora había llegado; comprendía que había llegado el momento en que tenía que retornar al Padre, y que su obra en la tierra estaba casi terminada. Este es el mejor símbolo de aquello que Jesús entrega a la humanidad sufriente. El pan representa ante todo la sustancia, es decir, el alma de Cristo y el vino su espíritu divino A esta velada pertenecen las maravillosas palabras que se encuentran en el cuarto evangelio y destilan la tristeza de una despedida, la despedida a unos amigos a los que ama: “... Yo soy la vid, vosotros los sarmientos...” “Igual que yo os he amado, amaos también entre vosotros...” “....Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros...en esto conocerán que sois discípulos míos....”.

En aquella entrega estaba el amor y la inmensa ternura de nuestro Redentor, pues era necesario que Jesús fuese prendido y azotado, coronado de espinas y entregado a la muerte, para así acatar las Escrituras. Su magnanimidad quedó sepultada por su humildad y su humildad estaba encubierta por su humillación. Pero, ¿Dio libremente su vida o se la quitaron? Todas las apariencias indican más bien que aquella gran hazaña se resolvió finalmente en la pasividad más absoluta: soportó la muerte. Era necesario............

Hay dos momentos en la Pasión que resultan atroces. Todo lo demás es tolerable, incluso previsible, incluso lógico: el odio de los enemigos, las burlas de la muchedumbre, la inhibición de Pilatos, hasta la fuga de los discípulos. Pero hay dos pasos demasiado crueles y extraños, que sólo pueden comprenderse desde la óptica de un infinito amor: Getsemaní y el desamparo del Padre.

En el Huerto de los Olivos, Jesús toca el fondo de su naturaleza humana. Su oración en la noche nos desvela un misterio que no hubiésemos osado abordar: “Aparta de mí este Cáliz”.... No fue una petición piadosa, fue simplemente una petición. Pedía de verdad a su Padre que le librase de morir. Los apóstoles dormían. El les había dicho: “Velad conmigo”.... Tres veces se levantó para ir a buscarlos, y las tres los encontró dormidos. Resulta ciertamente sobrecogedor este ir y venir de Cristo, esta búsqueda desesperada de compañía, en el cielo y en la tierra, y no hallándola en ninguna parte. Horas más tarde, el desamparo será total, ¿porqué me has abandonado? ...............................................

La tragedia de Getsemaní con los interrogantes abiertos nos sobrecoge al paso de nuestra “Oración del Huerto” gracias a la maestría del artista que supo transmitir a su obra el gesto plástico del sentimiento de desesperación y abandono en que quedó sumido Jesús esa aciaga noche.

El tiempo avanzaba, la luna envolvía con su pálida luz la ciudad y las laderas del monte donde crecían los olivos. Todo era silencio: la ciudad, el valle, la noche. Sólo lo rompía de vez en cuando la voz de un centinela, y en aquél momento el rumor de un grupo que bajaba hacia el torrente.....

...........¿ A quién buscáis?...La voz tan a floresta
sonaba, con tan manso y firme acento,
que antorchas y linternas un momento
fijas quedaron y su lumbre enhiesta.

A Jesús Nazareno, alguien contesta.
Yo soy. Y se derrumba ante el violento
soplo del declarado advenimiento
la carne pusilánime y mampuesta.

Yo soy. El ser se es. Se nombra el Nombre.
El Padre y el Espíritu consisten.
Todo es presencia, luz, ontofanía.

¡OH Eternidad con tiempo, Dios con Hombre!
¡OH voz a quien abismos no resisten!
¡OH, más allá del eco, lejanía!..................



El proceso de Jesús, antes de su condena a muerte junto con dos malhechores, sigue caminos de amarga soledad. Abandonado por los suyos y negado por su discípulo más fiel, los sufrimientos físicos no son más que la expresión externa de un dolor interior mucho más profundo. Los azotes con que le hieren los soldados, la coronación de espinas o las burlas de que le hacen objeto Herodes y su escolta, no significan nada frente al olvido del pueblo, a cuyos enfermos había curado y ante el que había dado numerosas muestras de poder. El sumo sacerdote y los personajes ante quienes comparece Jesús tras ser detenido, se esfuerzan por fundamentar el proceso sobre una base jurídica que tenga al menos apariencia de legalidad. La dificultad no estaba en encontrar falsos testigos, sino en poner de acuerdo punto por punto las declaraciones de aquellos que encontraron, pues la Ley prohibía condenar basándose en el testimonio de un solo hombre. Acaban por coincidir dos de los testigos que deforman las palabras pronunciadas por el reo cuando expulsó a los mercaderes del templo: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré”. Además de tratarse de un reto y no de una orden, el templo del que hablaba Jesús era su propio cuerpo, sin embargo consiente en ofrecerles una base mucho mejor para la acusación, afirmando rotundamente que Él es el Mesías y que tiene naturaleza divina, de esta forma, consciente de que ha llegado su hora se entrega con humildad, voluntariamente al sacrificio. Son ahora nuestros romanos, a ritmo de cornios, helicones, tambores y trompetas, los que con paso firme y marcial ensordecen a la multitud que se agolpa para ver al “Ecce Homo”.

En cuanto a la actitud del Pontífice sigue en sus gestos las costumbres establecidas por los rabinos: cuando alguien oía pronunciar una blasfemia debía rasgar sus vestiduras como signo de desaprobación.

El proceso religioso ha terminado. Para lograr que una sentencia se llevase a cabo era preciso otro proceso civil, en el que el acusado no apareciera como blasfemo, sino como agitador político. Jesús es llevado ante Pilatos, cuyo famoso gesto ha pasado al lenguaje común, viéndose obligado, aún en contra de su voluntad, a acceder a los deseos injustos de quienes piden su muerte, para así conservar la paz y el cargo que ocupa. Nuestra Semana Santa ha incorporado recientemente a sus desfiles, gracias al trabajo y al esfuerzo de un grupo de jóvenes, el paso que recrea el acontecimiento histórico referido, brillando con luz propia en la madrugada del Viernes Santo.

Son muy pocos los datos que los evangelistas nos dan sobre la flagelación. En los de San Mateo y San Marcos, parece parte del suplicio de la crucifixión; en San Juan y San Lucas tenemos la impresión de que Pilatos hizo azotar a Cristo para tratar de impedir de algún modo el castigo máximo de la crucifixión; en cualquier caso sabemos que se trataba de un castigo horrible y humillante, que por amor y entrega a la humanidad soportó en su naturaleza humana. Pero...¿ puede un hombre ser capaz de soportar voluntariamente tanta atrocidad?...La carne grita su agonía bajo la impía flagelación.....¡ Oh Santísimo Cristo de la Columna!..., tú sabes bien que este pueblo se estremece y tiembla a tu paso decidido y firme por sus calles, mecido por la maestría de tus portadores, cuya fuerza y energía te transmiten la vida que otros injustamente te quitaron. La Plaza, la C/. Gradas y El Claro hierven de bullicio. Úbeda asiste expectante y callada al cruel castigo que te infligieron.

A continuación comenzaba el camino hacia el Gólgota....Dolor y sólo dolor, caída tras caída . Las manos de Benlliure obran el milagro. En ti, Santísimo Cristo de la Caída el dolor se hace belleza extrema para codicia del mal. La corona de espinas incrustada en la frente no daba tregua. En ese estado el peso de la Cruz se hacía insostenible y apenas podía avanzar con un esfuerzo sobrehumano arrastrando su débil cuerpo. Yo a ti, Jesús Nazareno, cuando te miro con las primeras luces del Viernes Santo, te veo imponente y vivo, majestuoso y celestial, adorable y único, eres Úbeda en Semana Santa y por eso sus habitantes te abren de lleno su corazón para alivio de tu Cruz y alimento de sus frágiles almas.



.......DE LA MUERTE.......

Es precisamente a la hora de su muerte cuando todas las contradicciones cobran su relieve más abrupto. El Eterno acaba sus dias...El Omnipresente está sujeto con cuatro clavos.... Clavados los pies que caminaban ingrávidos sobre el agua. Clavadas las manos que se posaban sobre las úlceras y las curaban instantáneamente.... “ A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse”. El Todopoderoso no puede siquiera ahuyentar las moscas que se ceban en su rostro lleno de sangre. El que era la Luz es incapaz de abrir los ojos. El que era la vida está agonizando. El que era la Sabiduría se engañó: creyó que los hombres le iban a seguir, le iban a aceptar.............

No, no es nada fácil aceptarle, admitir ciertas palabras suyas, seguirle hasta donde señalan ciertas predicciones suyas. Es más sencillo afirmar enfáticamente: “ Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”; afirmarlo cuando nada en El contradice a lo que creemos y esperamos que debe ser un Cristo, un Hijo de Dios vivo.

Sin embargo para entender la Cruz no hay otro camino que compenetrarnos con el Crucificado. En la Cruz no sólo fue sacrificada la carne de Cristo, sino tambien su entendimiento. Sufrió la muerte a oscuras, aquí toda luz ha sido anegada en la hora de las tinieblas, todo pensamiento confortador ha sido sepultado en el olvido, arrojado fuera del umbral de la conciencia. Era necesario..............

Por lo general los mártires han acogido la muerte con pública fortaleza, serena y a menudo desafiante, íntimamente satisfechos de haber sido escogidos para una gracia tan singular, para una inmolación tan completa. Pero Jesucristo no murió como un mártir, sino como un estafador; sin decoro, teniendo no solo que soportar las burlas de la gente, sino incluso que uno de sus compañeros de suplicio le exigiera un prodigio para demostrar su condición de Mesías. El otro, a pesar de lo que oye, considera inocente a Jesús; y es que probablemente en aquellos momentos próximos a la muerte vislumbrara con mayor claridad que los mismos discípulos, el reino futuro de Cristo.

Dentro de unos días, alrededor de la hora Sexta del Viernes Santo el velo del templo se rasgará de nuevo en dos partes, de arriba abajo la tierra temblará, las piedras se partirán, y el olor a incienso que envuelve a nuestro Cristo de la Expiración embriagará con su aroma a toda la multitud que sobrecogida un año más, intentará comprender su trágico final.

“ De luto se cubre el cielo
y el sol de sangriento esmalte,
muere Dios y el mundo se disuelve y se deshace.

Al pie de la Cruz, María está
en un dolor constante mirando al sol
que se pone entre arrabales de sangre”.


Se agotan y consumen las últimas luces del Jueves Santo. La noche avanza bajo el triste gemido de una campana y el estruendoso latir de tambores . Momento idóneo para la meditación, el silencio y la oración.

Tu presencia, Cristo de la Buena Muerte, ilumina nuestro particular vía crucis, eres guía permanente para disipar nuestras dudas, para hallar luz en las incertidumbres e interrogantes, para sanar nuestra ceguera y alejamiento de Dios. Luz que ilumina nuestra vida cotidiana, que acompaña nuestra fe y nuestra esperanza y que nos enseña el camino del compromiso, de la responsabilidad y la solidaridad.

Ahora la muerte parece ser la dueña después de la expiración. Es Noche Oscura del alma. El cuerpo permanece inerte y suspendido en la Cruz. La lanza ha perforado con potencia y precisión, hiriendo el costado para llegar al corazón. De la profunda herida brotan sangre y agua y queda a la vista ese corazón que, pereciendo, en el último latido se ha ofrecido y soportado todo por amor.

El misterio de la muerte de Cristo, vivido por María con toda la intensidad del amor de una madre cuyo único hijo ha sido asesinado injustamente abre el espacio infinito entre el corazón de Dios y el corazón del hombre. Sólo el amor es capaz de comprender el abismo del dolor. Porque el amor es más fuerte que la muerte y no alcanza los océanos para extinguir la llama viva que arde en un corazón que ama. Y en este amor, desde el corazón de Dios no hay dolor que pueda escaparse, ni muerte que permanezca sin redención. En los brazos de Jesús clavados en la Cruz cada pecador y cada víctima recibirá el abrazo consolador. En los brazos de Nuestra Señora de las Angustias, que sostienen a su hijo muerto por la injusticia, todas las madres encontrarán el sentido de cada lágrima derramada por sus hijos.





El espectáculo ha terminado y la gente se dispersa. Con el inocente inmolado y pasado el clímax de la auto exaltación del mal, la terrible verdad comienza en algunos a abrirse camino: Si éste era verdaderamente el Hijo de Dios......! Qué tremendo peso sobre las conciencias ¡.

A causa de la Pascua, cuya solemnidad comenzaba aquél mismo dia, al ponerse el sol bajaron a Cristo de la Cruz a toda prisa y lo enterraron inmediatamente. El silencio se hace llanto y sólo cuatro antorchas adoran tu Cuerpo Santo sobre el frío mármol.

Su madre quedó sola...¡María, tu barrio de San Millán, tu pueblo de Úbeda te recibe y adora cada tarde de Viernes Santo!.... No, no queremos verte sumida en la tristeza y el dolor impuesto por tu soledad abrupta, queremos estar contigo, sentirte, jalearte y proclamar que eres luz para la salvación de nuestras almas y consuelo para nuestra amarga soledad individual.

..........DE LA VIDA............

Tumba, roca y guardia. Los líderes judíos sabían que Jesús había hablado de su resurrección. Por esa razón consiguieron que Pilatos ordenara el emplazamiento de una guardia romana que custodiara la tumba. El pelotón constaba de unos cuatro soldados que cada cuatro horas alternaban su turno de vigilancia. Estaban preparados para defenderla con sus armas y con su vida. Las leyes romanas establecían la pena de muerte para el soldado que se durmiera en su puesto de vigilancia...........Sin embargo, al tercer día resucitó....... Amanece en blanco y rojo, San Nicolás brilla más que nunca, las campanas repican de alegría, nuestra Salvación ha llegado...

Hablar de la Resurrección de Cristo es, por supuesto, hablar de lo milagroso. Nuestro problema ante un evento así suele ser que descartamos de antemano la posibilidad de lo milagroso o sobrenatural. Entonces rehusamos creer en la resurrección, no porque las evidencias no nos convenzan, sino porque ya hemos decidido que no puede ser cierto. Los guardias que custodiaban el sepulcro dijeron – y después lo han repetido muchos otros – que los discípulos robaron el cuerpo mientras ellos dormían: curioso testimonio el de unos testigos dormidos, y poco concluyente para intentar rebatir algo que, durante un supuesto sueño, les fue imposible presenciar. Sin embargo, el testimonio de la Resurrección dado por los Apóstoles y por los primeros discípulos satisface plenamente las exigencias del método científico. Es de destacar sobre todo el asombroso comportamiento de los discípulos al comprobar la realidad de la noticia por las múltiples apariciones de Jesús. Si esas apariciones no fueran reales, no se explicaría que esos hombres que habían sido cobardes y habían huido asustados ante el prendimiento de su Maestro, a los pocos días estuvieran proclamando su Resurrección sin miedo a ser perseguidos, encarcelados y finalmente ejecutados, afirmando repetidamente que no pueden dejar de decir lo que han visto y oído: el milagro portentoso de la Resurrección, que había transformado sus vidas.

La historicidad es pues, de tal índole que la única explicación plausible del origen y el éxito de esa afirmación es que se trate de un acontecimiento real e histórico. Siendo ello así este hecho trascendental es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Pasión y Muerte en la Cruz: Cristo ha resucitado de entre los muertos, con su muerte ha vencido a la muerte, y esto no sólo a favor suyo sino de todos nosotros: “ muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando nos dio nueva vida”.

Por el poder de Cristo Resucitado podemos ser mejores y mas felices. Por muy difícil y oscura que sea nuestra realidad, por muy lamentable que sea la situación a la que hemos llegado, todos podemos renacer para dar los frutos de esa vida nueva que Jesús conquistó para Él y para todos nosotros cuando resucitó.

Para que el mundo crea que Jesús ha resucitado, nuestro corazón, nuestro pensamientos y nuestras obras tienen que ser las de Él; y eso es posible cuando nos dejamos ganar por su Espíritu, cuando respondemos a su llamada, cuando buscamos vivir como él vivió, cuando oramos como Él lo hizo, cuando sentimos y vivimos la fraternidad con todos los hombres, en suma, cuando el amor es el motor de nuestro corazón y la última razón de ser de nuestra existencia.

EPÍLOGO

Ha llegado el momento de concluir este Pregón. Con él he querido transmitir, por encima de la belleza plástica de nuestras procesiones, un sentimiento personal que año tras año anida en mi corazón y creo que estoy obligado a exponerlo en esta Tribuna. Probablemente la reflexión nazca no sólo de mi educación cristiana sino también del disfrute y contemplación año tras año de nuestra Semana Santa; y es que nacer en Úbeda y vivir su Pasión es un lujo para los sentidos, una experiencia vital, artística y espiritual que nos transporta a ese lugar íntimo de nuestro ser del que nos resistimos a salir cuando acaba.

Debemos sentirnos orgullosos de ser depositarios de una tradición religiosa singular que generación tras generación ha ido atesorando un sólido patrimonio cultural que estamos obligados a guardar celosamente en beneficio de quienes nos sucedan.

La juventud es la fuerza natural que mueve el mundo y por ello debemos estar al lado de los jóvenes, apoyando con nuestra experiencia sus iniciativas, animándolos a seguir construyendo con tesón nuestra Semana Santa, tal y como lo hacen las nuevas cofradías, trabajando sin desmayo...¡Enhorabuena, sois nuestro mejor futuro!....

Arte, religiosidad y cultura, la esencia misma de un pueblo encerrado en una de sus manifestaciones más respetadas y queridas.

Úbeda se convierte estos dias en protagonista de su propio drama...

Queridos amigos: No más palabras,............Es Semana Santa.....Muchas gracias.........................

FIN