Resulta
curioso comprobar cómo los asuntos relacionados
con la Semana Santa no se anquilosan. A pesar de
ser una tradición de centenaria ranciedumbre va
acompasándose a los tiempos. Los cofrades
descubrimos nuevos caminos, nuevas metas y
renovados matices en algo que, visto desde
fuera, pudiese parecer rutinario. Ocurre en
todos los aspectos. También en los aparentemente
más superficiales. Viene esto a cuento de que,
limpiando mi disco duro, descubrí hace unos días
una clasificación cofrade que escribí cuando no
tenía nada mejor que hacer. Después de leerla, y
cuando la había creído cerrada, me di cuenta de
que estaba obsoleta o, mejor dicho, me di cuenta
de que los tipos persistían pero había sido
capaz de descubrir otros nuevos al paso, tan
sólo, de un par de años o tres.
En los
días en los que escribo estas líneas, una serie
de contrariedades personales me impiden el
sumergirme en temas transcendentales. Para eso
hay que estar centrado y concentrado y no tengo
gana ni de lo uno ni de lo otro. Así que se me
ha ocurrido que podía ser bueno el rehacer esta
tipología del cofrade, que necesita de una
actualización...
Alguna
vez me he preguntado por qué a las asambleas de
las cofradías acude menos del 10% de los
hermanos. A no ser que se vayan a tratar asuntos
de extrema transcendencia, son escasos los
cofrades que anualmente asisten a esa
convocatoria. Buscando las razones de ese
generalizado absentismo, he llegado a la
conclusión de que la gente pertenece a las
cofradías por motivos bien distintos. Cada cual
busca en su hermandad cosas diferentes y se
relaciona con la cofradía de forma diversa lo
que origina distintos tipos de cofrade. Pensando
en ello, y a partir de mi experiencia
cofradiera, he logrado encontrar algunos tipos
distintos entre si.
A pesar
de que mucho se ha escrito de la Semana Santa y
de los ríos de tinta que quedan por derramarse,
creo que no se han tratado en profundidad las
motivaciones que pueden acercar a los cofrades a
sus hermandades. Esta segunda revisión me hace
tener la certeza de que me dejo muchas cosas en
el tintero. Naturalmente habrá quienes no estén
de acuerdo conmigo. Es comprensible. Jamás
pretendo sentar cátedra sino dar una visión
particular y subjetiva. Podrían existir,
incluso, otras clasificaciones según cuál fuese
la faceta a evaluar. En mi caso esta
clasificación viene dada por las relaciones que
el cofrade mantiene con su hermandad (¿cómo la
ve?, ¿qué espera de ella?, ¿qué está dispuesto a
darle?...). Según esos parámetros, la tipología
del cofrade podría ser la siguiente:
APÁTICO O INDIFERENTE. Jamás he llegado a conocer las
poderosas razones que tiene un cofrade para que
su única relación con su hermandad sea la de
pagar la cuota anual. Este es el caso del
cofrade APÁTICO. Paga “religiosamente" el recibo
de la cofradía a la que pertenece pero no acude
a ninguno de los actos que se convocan. Ni
siquiera participa en la procesión. Dentro de
este grupo estaría el subgrupo de los que
pertenecen a varias cofradías (el cofrade
MÚLTIPLE que luego veremos). Es normal que los
miembros de este subgrupo no puedan "cumplir"
satisfactoriamente con todas sus hermandades,
pero al menos lo hacen con una. No obstante el
APÁTICO puro es el que, perteneciendo a una sola
cofradía, la ignora en todos sus aspectos.
Recuerdo ahora el caso de una persona que lleva
en mi cofradía más de cincuenta años. Hace poco
tiempo, me enteré de su pertenencia a la misma.
Es el clásico INDIFERENTE. Fue convocado por la
junta directiva para entregarle un premio por su
constancia (más bien por los años de permanencia
en el libro de inscripciones, digo yo) y, a
pesar de excelente salud, no se presentó a
recogerlo.
PUNTUAL. Como
el calificativo puede dar lugar a equívocos,
explicaré que el cofrade PUNTUAL es aquel que
sólo tiene un par de citas "muy puntuales" con
su cofradía al año. Normalmente esas dos citas
son la Fiesta Principal de la hermandad y la
procesión. Fuera de eso, que no lo busquen para
nada. Ni siquiera para participar en la
Procesión General (esa no es la suya). El resto
del año está “missing”.
LAUREADO. Este
tipo de cofrade suele encontrarse dentro de las
juntas directivas. Alguno hay ya fuera de ellas.
Trabaja poco o nada por la hermandad pero a la
hora de ponerse el traje, representar y, si se
tercia, colgarse las medallas... es el primero.
Donde haya un báculo allí está él. Le gustan
todas las procesiones, mejor si son sin capuz, y
en los actos oficiales suele sentarse en los
asientos reservados, aunque la reserva no sea
para él. Tiene mucho de exhibicionista y una
extrema facilidad a la hora de estirar el cuello
para que lo vean. Para las hermandades de
nuestra ciudad, son parásitos que nada aportan y
que disfrutan saboreando el prestigio social que
no han alcanzado en su faceta profesional y/o
privada, pero que les brinda el hecho de ser
miembro de una junta directiva. No suelen darse
cuenta de que en Úbeda nos conocemos todos. A
este tipo se le conoce también por
FANTASMA.
Como una variante de este
Laureado, el cofrade ubetense Bartolomé José
Martínez García me sugiere al Insigne.
Se
trata de un laureado pero con el matiz de que su
egolatría encuentra cierto reflejo en la actitud
de la jerarquía cofrade.
El insigne es
un cofrade que en tiempo lejano hizo algo,
regaló algo o propició algo y por ese sólo
motivo siente que la cofradía está en perpetuo
débito hacia su persona (para sí y sus
descendientes) y, lo que es más currioso,
alguien de la referida cofradía debe pensar lo
mismo.
La consecuencia de todo esto es
que al susodicho se le reserva, como por derecho
de sangre, tal o cual atributo o un privilegio
concreto. Los hay que suben o bajan el Cristo,
que llevan la cruz de guía o la bandera o, como
el llamado "insigne augusto", que tiene asignado
un báculo de por vida. Ocurre, sin embargo, que
éste, como entiende el atributo como un
privilegio y no como un servicio, se limita a
portarlo en la procesión del titular y para la
General lo encomienda, con un sentido netamente
patrimonial, a un hijo para que de camino vaya
cogiéndole el gustillo a la cosa VIP.
Es
entonces cuando puede contemplarse la bonita
conversación:
Hijo de insigne: - Buenas,
que mi padre me ha dicho que saque su
báculo.
Organizador: - ¿Es que él no va a
venir?.
Hijo del insigne: - No, es que
está muy cansando de ayer y prefiere
verla.
Organizador: - Bueno, pues ahí
está cógelo.
Hijo del Insigne: (que lleva
cinco años haciendo lo mismo, pero es torpe) - Y
ahora ¿qué tengo que hacer?.
Segundo
Organizador: Nada, tú te pones en medio y ya
está.
Organizador (al segundo y por lo
bajo): Vaya cara que tiene este tío y su
papaito.
Segundo Organizador: -Ya, pero
acuérdate que hace cuarenta y tres años su
abuelo regaló los borriquetas que se usaban para
montar el altar del Corpus y que se perdieron en
el incendio de 1982. Hay que estarles
agradecidos y total, como ahora no van más que
chiquillos en el guión...
Organidor: -
Ah... entonces vale.
IMPENITENTE. Rara avis. Normalmente pertenece a
una sola cofradía de Semana Santa a la que es
fiel hasta en los menores detalles y hasta la
muerte. Por lo general tiene entre los 25 y los
45 años (ya que más tarde pasa a ser ETERNO y
luego JUBILADO). Apunta a sus hijos a la
cofradía antes de bautizarlos, colabora en todo
lo que la hermandad le pide y en lo que no le
pide. Asiste a todas las actividades organizadas
por su cofradía y normalmente "se apunta" a todo
cuanto huela a Semana Santa. Sale hasta en la
Procesión General y pide expresamente que lo
entierren con su túnica. Amante de todas y cada
una de las cofradías de Úbeda, vive la Semana
Santa con enorme intensidad. Suele ver la salida
de cada hermandad, aunque en ello le vaya la
vida, y asiste al paso de la procesión todas las
veces que puede, "atajando" por los callejones.
Su esposa, que no es capaz de seguir su ritmo,
ya lo ha dado por imposible.
DEVOTO. Es el
cofrade en estado puro. Además de reunir todas
las características del cofrade IMPENITENTE,
vive la Semana Santa desde la profundidad de la
fe. Conoce a la perfección el sentido que tiene
el salir en procesión y asiste a las
celebraciones litúrgicas propias del momento.
ETERNO. Desde
siempre se le identifica con su cofradía. La
muerte o insalvables problemas de salud lo
retiran de su actividad cofrade. Suelen ser esas
personas a las que, más que por su profesión o
por su nombre, identificamos por la cofradía a
la que pertenecen. Están presentes en las
fotografías en blanco y negro y en las de color
y han ocupado diversos puestos en la junta
directiva a lo largo de varias décadas. Hoy
ostentan un cargo honorífico y/o siguen al pie
del cañón para lo que se les necesite. Por su
veteranía, han recibido algún reconocimiento
público y dejarán la actividad cofrade el día en
que Dios los retire de ella.
CURRANTE. Es
todo lo contrario del cofrade LAUREADO. Por lo
general, no suele buscar la notoriedad. No le
interesan las medallas y desarrolla su labor en
la sombra pero con una enorme eficacia. Trabaja
"como un mulo" y es indispensable en cualquier
directiva (es una especie en vías de extinción).
Como las cofradías andan escasas de hermanos que
arrimen el hombro, va pasando de una junta
directiva a otra como si se tratase de una parte
del patrimonio de la hermandad. Lo mismo te
monta el altar para el Corpus, que te pinta los
hachones o te instala, casi él solo, la caseta
de feria (luego se mete tras la barra más días
que nadie). Es un diamante en bruto al que hay
que considerar. Por lo general, no se le pueden
encargar trabajos de carácter intelectual pero
"currar"... "curra" lo suyo y lo ajeno.
MARATONIANO. Su "fondo de armario cofrade" es
variopinto (rasos y terciopelos de colores
surtidos). Pasa casi toda la Semana Santa
vestido de penitente. Sale en tres o cuatro, a
veces hasta en cinco, cofradías y vive la Semana
Santa como un maratón, corriendo de su casa a la
iglesia y viceversa, para cambiarse de túnica.
Suele levantarse el capuz, para saludar a los
amigos al paso de la procesión, y que estos lo
vean. Llega extenuado al Sábado Santo.
MÚLTIPLE. Pertenece a varias cofradías, por
regla general a más de dos. En contraposición al
MARATONIANO, no "cumple" con todas y tiene "su
favorita". Sería lo que en Sevilla se conoce con
el nombre de "capillita". Suele acudir a los
actos que todas sus cofradías convocan, aunque
normalmente no sale en procesión más que con una
de ellas.
EMIGRANTE. Es aquel que, por motivos
laborales, reside fuera de Úbeda. Según la
cantidad de kilómetros que lo separan de nuestra
ciudad, acude a Úbeda todas las veces que puede
al año pero indefectiblemente lo hace , como
mínimo, en Semana Santa. Vuelve a su pueblo,
según los casos, el viernes previo al Domingo de
Ramos, el sábado o el Miércoles Santo y le falta
tiempo para soltar las maletas en casa del
familiar de turno y echarse a la calle para
sumergirse en cada uno de los actos, situaciones
e improvisadas tertulias que tengan relación con
nuestra Semana de Pasión. Viste su túnica
penitencial el día de la procesión y se empapa
de los olores y sabores (también de los colores)
que Úbeda le ofrece en esa crucial semana.
Regresa a su lugar de trabajo con la sensación
agridulce de que todo ha durado demasiado poco y
con una bolsa de hornazos que, por unos días
más, prolongarán parte de las sensaciones
vividas.
JUBILADO. La edad o algún tipo de
contrariedad física le impiden salir en su
procesión realizando un largo recorrido con el
rostro cubierto (a veces se les ve, renqueantes,
de paisano junto a la bandera de la hermandad o
tras uno de sus tronos). Acude a los actos para
los que su salud no es un inconveniente.
Generalmente son muy bien considerados dentro de
su cofradía ya que son todo un ejemplo de
constancia cofradiera. Los he visto emocionarse
al paso de su hermandad por las calles de Úbeda
y merecen nuestro máximo respeto por habernos
legado casi intacta una de nuestras más
ancestrales tradiciones. Se diferencian del
cofrade ETERNO en que ya no son miembros
activos.
COSTALERO. Con el aumento de los pasos
llevados a hombros, prolifera por nuestra ciudad
este tipo de cofrade que es mitad “profesional
del tema” y mitad devoto (existe también la
variante exclusivamente “profesional”). Miran un
poco por encima del hombro a los
“achucha-tronos”, hablarles de las ruedas es,
para ellos, como nombrar la soga en casa del
ahorcado y, aunque el hombro se inventó antes
que la rueda, nada tienen que ver con los
costaleros que todos hemos visto en las fotos,
en color sepia, de las procesiones ubetenses de
primeros del siglo XX. Por aquello de la
globalización, los costaleros ubetenses de hoy
han importado términos de la “jerga tronil” de
la baja Andalucía y te hablan de “costero”, de
“chicotá”, de “levantá” y, por supuesto de “a
ésta es...”. Confieso que, charlando con ellos,
me he llegado a sentir descolocado, algo así
como cuando uno habla con un “guiri” o un
“cheli”, aunque he conseguido ponerme al día, de
un tiempo a esta parte.
CIBERNETICO o CIBERCOFRADE. Con el acceso de una parte
importante de la población a las nuevas
tecnologías de la información y más
concretamente a Internet, abundan por la Red las
webs, las listas de correo electrónico, los
“chats” o las “news” cofrades. Durante todo el
año, la actividad cofrade es incesante y esos
medios electrónicos no son ajenos a la misma. El
cibercofrade visita las webs “semanasanteras”
(de bandas, hermandades, marchas, bordados,
orfebrería o lo que se tercie), se suscribe al
canal #cofradías para charlar en directo y, por
descontado es miembro de una lista de correo-e
desde la que, a diario, recibe información,
opiniones, fotos, contesta a ciertos “emilios” y
envía sus aportaciones. Nuestra ciudad está muy
bien representada en estos foros con varios de
sus “cofrades de pro”.
PATOLOGICO. Lo
he dejado para el final de este catálogo porque
reúne muchas de las características de los tipos
anteriormente mencionados. Para él todo el año
es Semana Santa. Necesita sentirla a diario y,
allí donde va, (bien de manera instintiva, bien
intencionadamente), saca el tema para “pegarse
una pequeña sobredosis”, que le vaya ayudando a
superar su mono, mientras llega la semana
pasional. Sólo en ocasiones, es consciente de
que necesita una cura de desintoxicación aunque,
en la mayor parte de los casos, los efectos del
síndrome de abstinencia le hacen sentir
alucinaciones en las que considera a los demás
como “raritos”. Muchas veces, se encuentra fuera
de juego: los he visto, en pleno cotillón de fin
de año, intentando averiguarte los estrenos de
tu cofradía o celebrando el exorno floral de
Nuestra Señora de la Esperanza. Si escuchan una
corneta se vuelven locos y no pueden ni probar
el olor a incienso.
Lógicamente no es posible encontrar a cada uno
de estos tipos en su estado puro. Los matices se
entremezclan y así se puede ser a la vez
CIBERNETICO y PATOLOGICO, IMPENITENTE y ETERNO,
CURRANTE Y DEVOTO e incluso todas esas cosas
juntas. Pueden existir múltiples combinaciones.
También es cierto que existen incompatibilidades
entre ciertos tipos: no se puede ser, por
ejemplo, APÁTICO e IMPENITENTE a la vez.
Hasta
aquí esta especie de divertimento sin más
pretensiones. Prometo que si, con el paso de los
años, vuelvo a encontrar nuevos tipos
incorporados a nuestras cofradías, no tendré
reparo alguno en enmendar esta tipología del
cofrade.
Texto: Eugenio Santa
Bárbara Fotografías: José Luis Latorre
Bonachera
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